Me siento rara de nuevo.
No me gusta adaptarme a algo para después deshacerlo, volver a lo de antes. Ésta es la segunda.
No me consideraba una adicta a internet pero era conciente de que lo usaba más de lo necesario, era conciente de hasta que horas de la madrugada seguía conectada y de cuántas veces era capaz de reiniciar mi computador en un día.
Pero no es tan dificil dejarlo, al menos, teniendo alguna otra distracción. Ésta fue buena. Mar de color turquesa transparente, alta temperatura y un buen libro. México. Aunque si me dieron ganas de conectarme, no valía la pena. Tampoco extrañé a nadie. Realmente a nadie. Y tampoco me sentí extrañada.
No me gustan las multitudes, los empujones, no me gusta que me invadan, no me gusta que me toquen, no me gusta que me hablen cuando no tengo yo ganas de hablar. Estar sola realmente se me da bien, y lo siento bien. No depender de nadie, no estar al tanto de nada, perderme por una semana y que no me afecte, eso me encanta.
Aunque admito que sí soy bastante bipolar respecto a esto. Ahora me siento así, pero me he sentido sola, varias veces. ¿Si duele? No mucho. He sobrevivido.
Ahora quiero volver, no estar pendiente de nada ni nadie como lo estoy cada vez que entro a facebook, incluso en tumblr me ha pasado últimamente.
Al final, lo que importa es la familia, es con quienes se comprate, se pasa bien y mal, por una semana eso fue suficiente, no necesité amigos.
Fue algo bueno, de verdad. No hay nada como quitarse las preocupaciones, apartarlas, ignorarlas.
Hasta que se despierta del sueño. En Santiago de Chile.
Parece que le hechara la culpa al lugar, y a veces, sí lo hago, pero no sé si hoy especifícamente, talvez solo sea la gente de Santiago de Chile, la gente que conozco.
Y aún no me descargo de Auckland.